martes, 21 de enero de 2014

Confesiones de “Tablasana”




Recuerdo aquella primera vez que me vio, se me acerco lentamente y rozando sus dedos por mis bordes donde se resume en acercamiento entre mi corazón y mis nervios me toco suavemente. Me recorrió por todas mis curvas y me levantó, me dio vuelta y me continuó observando como si supiera lo que era capaz de hacer; la emoción de dejarse sostener por la más pura y sincera intención es lo más seguro que se puede obtener cuando se quiere poseer.



Me hago descubrir entre tantas distracciones y para lograr mí objetivo, levante mi rasgo más voluptuoso para afirmar su intención delatada por aquella mirada. Yo, con mi ancho lo suficiente mente grato y mi grosor lo suficiente mente denso, prometía ser los más sutil posible en las hazañas y proezas futuras que nos esperaban.



Sin interrupción y sin restricción todo estaba escrito, sabía que fluiría como lo merecía, con tal; no había nada que perder, no había de que avergonzarse; en la batalla, hasta la más humilde derrota ofrece la más placentera de las victorias.



Con fuerza y muy tenaz mi libre desenvolvimiento en la danza se precipita con la mayor precisión con la confianza cuando se respiras profundo y se suspirar al conquistar.




La Confianza en el acto es la clave para llevarme hasta la vibración en el punto más alto de la onda,  y la decisión es lo esencial para descenderme a lo más bajo del valle del deseo; aquel punto donde se proyecta la línea del placer que corre debajo de mi larga vena.


Eso es lo que hace y siente quien me posee, el quiebre más intenso y penetrado que todo el mundo ha esperado, la satisfacción del que se atreve.

Desde ese día, me preparo cada vez que me unta su pega; el sonido de su cierre me anticipa la frecuencia de mis momentos de dureza y los momentos de rigidez que me esperan. Sé que no tendrá compasión pero me lo hará con verdadera pasión.

Uno no se arrepiente de ser “ Tablasana”.


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